12 abr. 2014

Anne Hébert

Les fous de Bassan (fragmento)



En aquél tiempo…

Irene, mi mujer, nacida Macdonald, es estéril.
En otros lugares, bajo otras leyes, ya la habría repudiado a la vista de todos como una criatura inservible.

Les digo, hermanos, que el tiempo pasa rápido. De ahí, que los que tienen mujer sean como si no la tuvieran.

Ella duerme contra mí, en la cama grande, como un pez muerto, su vida fría de pez, su ojo de pez, bajo el párpado sin pestañas, su olor a pescado cuando me obstino en buscar entre sus muslos el hijo y el placer.
Grandes pájaros migratorios, en compacta formación, sobrevuelan Griffin Creek, proyectan su negra sombra sobre la casa parroquial. Oigo ladridos lejanos, toda una jauría celestial que se aleja en la noche.
¿Otra vez voy a inmiscuirme en mi pecado? Confesar que contra el cuerpo dormido de Irene, mi vestimenta eclesiástica, apenas ordenada sobre una silla, al pie de la cama, tanteo en secreto el peso leve, la forma delicada de los pequeños Atkins?


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