4 sep. 2007

Ruinas que hacen arte

Acabo de leer, con el placer que produce sólo la buena literatura, a Antonio José Ponte, poeta y narrador cubano, poco conocido en la Argentina, o casi nada. La mayoría de sus libros fueron editados en Europa y como sucede con una gran cantidad de autores latinoamericanos y en respuesta a oscuros lineamientos de las políticas de mercado, no se distribuyen en la región. Ni siquiera en Cuba donde sus compatriotas no tienen oportunidad de leerlo salvo por los ejemplares que pueda ingresar el turismo y que son contados con los dedos. Por fortuna existe el “boca boca” que, en definitiva y pese a otros ingentes esfuerzos, describe el verdadero camino literario. Un trazado sotto voce que siempre llega a destino. Tenía que leer a Antonio José Ponte, el cubano fantasma, y ahí estaba yo buscándolo denodadamente.
Desde Barcelona me llegaron tres de sus libros, uno de poemas, Asiento en las ruinas, y dos de narrativa, La fiesta vigilada, editorial Anagrama y Un arte de hacer ruinas y otros cuentos, de la colección aulaatlántica coordinada por Julio Ortega, Fondo de Cultura Económica (edición de tapa dura y tan cuidada que la lectura incluye un placer extra). Agradezco el prólogo, bibliografía y notas de Esther Whitfield de Brown University que me puso en situación respecto de la obra y la vida de este cubano matancero nacido con la revolución y expulsado por ella (“cría cuervos y te sacarán los ojos” dice la madre castradora y cercena las alas de su hijo, o el pico…), certificando el destino inexorable de los intelectuales que en cualquier parte del mundo, se atreven a disentir, diferir u oponerse a una conducción totalitaria, por más que se trate de la revolución cubana, doctrina y estandarte de más de una generación de jóvenes que en el mundo entero apostaron a sus valores.
Expulsado de la ciudad letrada y puesto sobre aviso de que todo intento de trascender públicamente sería boicoteado por las autoridades del gobierno revolucionario, Ponte queda sentenciado a la muerte literaria. Y ya sea por obsecuencia o temor al contagio, a la consecuente marginación social. Muerte civil, como relataban viejos escritores cuya obra Ponte se había dedicado a rescatar.
En La fiesta vigilada, su último libro de reciente aparición, se embarca en un largo camino sobre la realidad cubana y las circunstancias que lo precipitaron al exilio.
No me fue fácil abordar este libro, como todo viraje de perspectiva que obliga a una revisión, fue objeto de inexcusables dilaciones. En un trabajo profundamente reflexivo y de gran austeridad, Ponte advierte sobre la inconsistencia de una revolución que ancló en el desembarco de Bahía de Cochinos, único punto de su real existencia, para alejarse tangencialmente por sobre los intereses de Cuba y los propios cubanos.

2 comentarios:

Ingrid Proietto dijo...

Dan ganas de leer a Ponte. ¿Sabés en qué país vive en la actualidad?
Creo que se dignaron a traer algunos ejemplares de "La fiesta vigilada". Ví una reseña en ADN, está a $69 en su librería amiga.

Raquel Heffes dijo...

No sé donde vive actualmente, me dijeron que en España pero no lo tengo confirmado.