8 abr. 2009

Y los cielos se abrieron


Crónica de una noche especial


Perdón, Señor, ésta es una noche bellessiana. Estaban pronosticadas lluvias, incluso tormentas eléctricas para la noche de este viernes pasado, 3 de abril, fecha en que se celebraba la aparición de Tener lo que se tiene, la obra reunida de Diana Bellessi, y para el asombro de todos, como en una especie de impass temporal, las nubes hicieron un respetuoso mutis por el foro. En honor a la poeta y, por qué no, cediendo al ruego encarecido de su cohorte incondicional y amorosa para que nada atentara contra la convocatoria. Fue una noche hermosa. En un club barrial, el Estrella de Maldonado, que da sobre la avenida Juan B. Justo, históricamente amenazada por las inundaciones, a la hora en que los chicos todavía juegan al básquet y el encargado del buffet, contiguo al gimnasio cubierto que nos fue destinado, seguía las alternativas del partido del fútbol por televisión. En actitud de evidente rebeldía, el hombre resistió largo tiempo en su silla con un brazo colgado del respaldo. No estaba dispuesto a apagar el televisor ni a bajar el volumen por más que el gentío lo rodeara hasta hacerlo desaparecer. Estaban todos o más que todos, no cabía un alfiler en el recinto, a la penumbra de puñados de velas encendidas y el resplandor de las luces del patio que entraba por tres amplias ventanas. No hubo presentación, semblanza ni comentario alguno, sólo la voz de la poeta recorriendo de poema en poema toda una vida literaria. La particular voz de Diana Bellessi que al calor de los cuerpos, como el perfume de las flores a la hora del rocío, alcanza su mayor expresión. Más allá del lirismo, el repicar de la pelota y las voces de los chicos que jugaban al básquet mientras hubo luz, hicieron de cable a tierra. Compás de la vida y sentido del mundo para no alejarse demasiado. Sin embargo, para cualquier avezado observador, nada fue antojadizo. Todos los sectores estaban representados, los viejos compañeros de rubro que hicieron época y evocaban un largo camino compartido, la crítica literaria, el periodismo cultural, la editorial que se amalgamó a la bohemia con dos mesas, una de buen vino y otra de venta de libros, los afectos personales, algunos compañeros de la vida cotidiana. Ningún detalle quedó librado al azar para celebrar una vida dedicada a la poesía que alcanza un punto de referencia. Las bodas de oro de un sacerdocio en el que Diana Bellessi ha perseverado con pasión. Atrás se escuchaba poco. Claudia le hacía señas a Diego, responsable del sonido. Tan responsable que quiso interrumpir la misa y se ligó una felpeada. Algunos como yo prefirieron ver desde afuera. Congo se trepaba a las ventanas para sacar fotos. Después recalaron en La gran Hollywood, la parrillita del barrio.