3 oct. 2007

El matiz de la herencia

Fragmento de la novela Respeto al Muerto de próxima publicación.

Hasibe. El nombre de la madre de mi padre, el de mi abuela, el mismo de la suya y así hacia atrás encadenada hasta el origen primigenio, dónde me llevaría ese nombre, en mis sueños más profundos, los que nunca se recuerdan, desde Palestina hacia Alejandría o Babilonia quizá, acompañaría a esas mujeres itinerantes, compartiendo sus ansias de paraíso perdido en la larga travesía al Islam, mujeres dispersas en la finísima red, tan lejos y tan cerca de la vertiente inexorable, para bien o para mal mujeres judías que arrastrando la diferencia llenaban sus canastas de frutos extranjeros, la sangre saborizada por nuevas especias y el alma esculpida en la emoción de otros paisajes, ése sería mi destino, vocear su legado en el nombre de ellas, mi nombre. Pero me llamo Nancy como si estrenara una historia. Nada más que “como” porque soy Hasibe en realidad, en el determinado llamamiento de mis ancestros, fatalidad o determinismo de la historia que hace sombra a las espaldas, nada es tan diáfano, todo se vislumbra bajo el matiz de la herencia.