
8 abr 2009
Y los cielos se abrieron

Crónica de una noche especial
5 ago 2008
El padre revisitado
No siempre es tiempo de visita y tal vez deban pasar años antes que el recuerdo y aquel mar de sensaciones contradictorias que tienen que ver con el vínculo pasen a formar parte de una semblanza. La muerte física señala un límite categórico: no habrá más datos que agregar, todo lo que fue, fue, y punto final, sin embargo no todo termina ahí. Al menos no siempre. La “muerte del padre”, es un acontecimiento con tiempo propio, demorado e impredecible, en referencia al personaje que cada uno llegó a modelar en su interior, cincelado por las características personales y sus circunstancias. Un proceso interno del que dan cuenta una gran cantidad de obras literarias, de las que haciendo memoria -y no casualmente- llevo leídas varias. La muerte del padre, como epílogo de un largo proceso de elaboración y desprendimiento, parece ser una convocatoria difícil de resistir. De la respuesta depende quizás el resto del camino.
Al colombiano Jorge Abad Faciolince, le llevó casi veinte años aceptar la trágica muerte de su padre, médico, militante izquierdista, que dedicó su vida a luchar por políticas sanitarias para la prevención de enfermedades en los sectores más humildes, y fue vilmente asesinado. “…cada mes, cada semana, yo he sentido que tenía el deber ineludible, no digo de vengar su muerte, pero sí al menos de contarla.” “El olvido que seremos” es un relato autobiográfico sobre la vida de un personaje idolatrado, un padre amantísimo y ejemplar que soñaba con un mundo más justo y luchaba por sus ideales sin medir las consecuencias. “…si hubiera refrenado a veces su pasión de justicia, que a veces llegaba casi a convertirse en un fanatismo justiciero…” Un profundo homenaje y a la vez una búsqueda de humanización del ídolo. “No quiero hacer hagiografía ni me interesa pintar un hombre ajeno a las debilidades de la naturaleza humana.”Un dato conmovedor es que el título del libro “El olvido que seremos” fue extraído de un poema de Borges que el padre llevaba en el bolsillo en el momento de su muerte:
Al colombiano Jorge Abad Faciolince, le llevó casi veinte años aceptar la trágica muerte de su padre, médico, militante izquierdista, que dedicó su vida a luchar por políticas sanitarias para la prevención de enfermedades en los sectores más humildes, y fue vilmente asesinado. “…cada mes, cada semana, yo he sentido que tenía el deber ineludible, no digo de vengar su muerte, pero sí al menos de contarla.” “El olvido que seremos” es un relato autobiográfico sobre la vida de un personaje idolatrado, un padre amantísimo y ejemplar que soñaba con un mundo más justo y luchaba por sus ideales sin medir las consecuencias. “…si hubiera refrenado a veces su pasión de justicia, que a veces llegaba casi a convertirse en un fanatismo justiciero…” Un profundo homenaje y a la vez una búsqueda de humanización del ídolo. “No quiero hacer hagiografía ni me interesa pintar un hombre ajeno a las debilidades de la naturaleza humana.”Un dato conmovedor es que el título del libro “El olvido que seremos” fue extraído de un poema de Borges que el padre llevaba en el bolsillo en el momento de su muerte:
Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres y los que seremos.
Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los triunfos de la muerte y las endechas.
No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre;
pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá quién fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo,
esta meditación es un consuelo.
(J. L. Borges)
Nuestro Federico Jeanmaire, en su novela "Papá", hace el recorrido inverso. Describe una relación padre-hijo conflictiva, inmensamente distante, que no brinda demasiadas compensaciones. La muerte sin embargo no termina ni aclara nada. “A mi padre lo estamos velando desde hace dos años…”, comienza diciendo y más adelante: “…se me ocurre que velar la próxima muerte de otro no es sencillo”. Al final del trayecto, ¿cuándo qué?, habrá una segunda y definitiva muerte. “La escritura, esa cosa tan perfectamente incapaz, al igual que la vida, de responder ninguna otra cuestión que no sea su precaria y angustiosa necesidad de ser.”, dice al término de su reflexión, despojando al acto de escribir de todo sentido utilitario. Tal vez sea así, pero algo maravilloso habrá sucedido durante el proceso para cerrar el libro en paz y con la sabiduría de quien pudo entender. Un estado que se alcanza (coincido con el autor) con la perspectiva que da el paso del tiempo, pero sin duda nada comparable al ejercicio de poner el pasado en palabras y poder contemplarlo. Jeanmaire remata la novela con una anécdota familiar que le sirve de espejo y ajustada metáfora. La bronca y el dolor no dejan ver y el amor siempre salva. “Cosa rara el amor. / Casi imposible de escribir.”Philip Roth, dueño de una prosa maravillosa, tampoco faltó a la cita. En "Patrimonio- Una historia verdadera" hace una semblanza de su padre. Don Herman Roth, un verdadero personaje, vital, siempre en un rol protagónico, no era fácil de llevar. Padre e hijo mantenían una relación compleja, con muchas aristas sin pulir. El relato parte del diagnóstico de un tumor cerebral hasta la muerte del padre, al cabo de un largo y devastador proceso que sin embargo no fue en vano. El trabajo interno que inevitablemente hizo el hijo durante ese tiempo, mientras lo acompañaba hasta el último momento, permitió dejar atrás más de un resentimiento que los había distanciado. Le tocó pasar por el difícil trance de decidir el final. Operar o no operar. Mantenerlo con respirador artificial o dejarlo morir. “Voy a tener que dejarte ir, papá”, dice hacia el final, sabiendo que no puede oírlo.
Otro libro sobre el mismo tema, de lectura reciente, que me cautivó y mucho, es “El reflejo de las palabras”, del iraní Kader Abdolah. Leí la columna de Marcos Aguinis en La Nación y me contagió su entusiasmo. Una historia fascinante en sí misma, a la que además se suma la extrañeza de las diferencias culturales. Otra manera de relacionarse, otros valores, otra visión del mundo. Comienza en un pueblito montañoso de la lejana Persia, próximo a la frontera con la URS, antes del derrocamiento del Sha Reza Pahlevi. (Imposible no recordar la mirada de la princesa Soraya, en la foto que en ese tiempo recorrió el mundo entero, descartada y denigrada por no poder concebir) Hijo de una familia humilde y único varón, el narrador es el benjamín de cuatro hermanos. Establece con su padre sordomudo un vínculo muy estrecho. El niño es su intérprete y vocero, una especie de lazarillo que le abre camino hacia la comunicación y el conocimiento, haciéndose verdaderamente indispensable. Aga Khan, el padre, es un personaje rara sensibilidad. Incentivado por un tío, llevaba un diario en escritura cuneiforme, utilizando los símbolos grabados en una cueva del monte sagrado Azafrán, que hasta ahora nadie pudo descifrar, y cuya traducción, después de su muerte, se vuelve un imperativo en la vida del hijo.
En el mismo tema las mujeres parecemos ser más elípticas y fantasiosas. En su maravillosa novela "Resurgir", la canadiense Margaret Atwood, hija de un entomólogo que le trasmitió su pasión por la naturaleza, se sirve de un corto viaje a una isla del Quebec, que solían frecuentar en su niñez, como artificio para pensar el reencuentro. Una mujer llega a la isla en busca a su padre, del que se desconoce el paradero, acompañada por su pareja y un par de amigos. Su realidad actual, la gente que la rodea, parece no tener mucho que ver con ella, al menos con quien ella es realmente y tiene oportunidad de descubrir. Todo le recuerda a su padre y hasta le parece verlo en la vieja cabaña donde solía trabajar. El pasado vuelve y con él, el reconocimiento y la pertenencia. Un inolvidable momento de exaltación, donde todos sus sentidos aparecen alterados, hace de transición a un nuevo "resurgir".
Matilde Sánchez, en cambio, situó su relato en un angustiante contrapunto a miles de kilómetros de distancia. Toda su novela "La ingratitud" transcurre en el inútil intento de una mujer, que reside Alemania, por establecer un contacto efectivo con su padre que se encuentra en Buenos Aires. Lo único que obtiene son lacónicas respuestas en un papelito rasgado o comunicaciones telefónicas frustradas que truncan el anhelado diálogo. Elucubra las posibles causas, fantasea diversas situaciones, e inventa nuevas estrategias, en un extenso y agotador soliloquio que llega a su fin cuando puede pensar que en realidad, ella y su padre, siempre estuvieron en el mismo lugar.
3 oct 2007
El matiz de la herencia
Fragmento de la novela Respeto al Muerto de próxima publicación.
Hasibe. El nombre de la madre de mi padre, el de mi abuela, el mismo de la suya y así hacia atrás encadenada hasta el origen primigenio, dónde me llevaría ese nombre, en mis sueños más profundos, los que nunca se recuerdan, desde Palestina hacia Alejandría o Babilonia quizá, acompañaría a esas mujeres itinerantes, compartiendo sus ansias de paraíso perdido en la larga travesía al Islam, mujeres dispersas en la finísima red, tan lejos y tan cerca de la vertiente inexorable, para bien o para mal mujeres judías que arrastrando la diferencia llenaban sus canastas de frutos extranjeros, la sangre saborizada por nuevas especias y el alma esculpida en la emoción de otros paisajes, ése sería mi destino, vocear su legado en el nombre de ellas, mi nombre. Pero me llamo Nancy como si estrenara una historia. Nada más que “como” porque soy Hasibe en realidad, en el determinado llamamiento de mis ancestros, fatalidad o determinismo de la historia que hace sombra a las espaldas, nada es tan diáfano, todo se vislumbra bajo el matiz de la herencia.
21 sept 2007
Ruinas que hacen arte (II)

Sigo con Ponte porque no me lo puedo sacar de la cabeza, es una de esas lecturas que no terminan al cerrar el libro, quedan rondando. A veces proliferan. Y me sentiría en falta si obviara el comentario de Un arte de hacer ruinas y otros cuentos donde la ficción alcanza todo el esplendor de lo simbólico. Algunas cosas me ayudan a ratificar que la literatura sirve de mucho. Es una necesidad.
La fiesta vigilada es sin duda revisión y blanqueo, como él mismo dice “Me gustaría contar cómo volvió la fiesta a la Habana” “hurgar dentro de una caja negra, examinar las grabaciones del desastre”. Paso a paso y sin ofuscaciones, demitifica más de un personaje, como Sartre que de ahora en más queda estrábico para siempre, y ofrece su visión de los hechos, asistido por la indiscutible autoridad de ser cubano, pensante, lúcido y extremadamente sensible, y de llevar toda una vida con la revolución a cuestas.
Quizás la discusión más honda y sentida sea a la hora de dirimir el lugar. Conminado abandonar el barco, ahora tenía que verlo fondear desde lejos. Él, que soñaba cultivar una literatura nacional y su misión era custodiar las joyas de la abuela.
Pienso en la maestría de sostener el relato en una austeridad irreductible. Esgrime una ironía sutil y precisa. No sucumbe a ningún intento de manipulación ni se arriesga en provocaciones inútiles.
En la única alusión al “Che”, cuenta la desilusión de Ernesto Guevara cuando, recién triunfada la revolución, tuvo curiosidad por ver el documental El mégano, censurado y sacado de circulación por las autoridades prerrevolucionarias. No encontró nada que justificara la medida. “Su curiosidad por el filme exhumado se dirigía probablemente menos a la obra en sí que a la prohibición que había pesado sobre ella”, señala Ponte.
La metáfora contribuye a la idea, que trabaja a lo largo de todo el libro, sobre la inconsistencia de una revolución que empieza y termina en sí misma.
La fiesta vigilada es sin duda revisión y blanqueo, como él mismo dice “Me gustaría contar cómo volvió la fiesta a la Habana” “hurgar dentro de una caja negra, examinar las grabaciones del desastre”. Paso a paso y sin ofuscaciones, demitifica más de un personaje, como Sartre que de ahora en más queda estrábico para siempre, y ofrece su visión de los hechos, asistido por la indiscutible autoridad de ser cubano, pensante, lúcido y extremadamente sensible, y de llevar toda una vida con la revolución a cuestas.
Quizás la discusión más honda y sentida sea a la hora de dirimir el lugar. Conminado abandonar el barco, ahora tenía que verlo fondear desde lejos. Él, que soñaba cultivar una literatura nacional y su misión era custodiar las joyas de la abuela.
Pienso en la maestría de sostener el relato en una austeridad irreductible. Esgrime una ironía sutil y precisa. No sucumbe a ningún intento de manipulación ni se arriesga en provocaciones inútiles.
En la única alusión al “Che”, cuenta la desilusión de Ernesto Guevara cuando, recién triunfada la revolución, tuvo curiosidad por ver el documental El mégano, censurado y sacado de circulación por las autoridades prerrevolucionarias. No encontró nada que justificara la medida. “Su curiosidad por el filme exhumado se dirigía probablemente menos a la obra en sí que a la prohibición que había pesado sobre ella”, señala Ponte.
La metáfora contribuye a la idea, que trabaja a lo largo de todo el libro, sobre la inconsistencia de una revolución que empieza y termina en sí misma.
19 sept 2007
caramelo media hora
Nunca agarraba el chiste de entrada y le decíamos caramelo media hora. Unos caramelos redonditos y difíciles de roer que tardaban un montón en disolverse en la boca y ahora no sé si existen. Me viene a la mente porque soy yo la que no caigo, me quedo pasmada tratando de digerir algunos temas que durante un tiempo estuvieron en el tapete y no me cierran.
Diganme queridos amigos, ustedes que estuvieron sentados a mi lado, como un imberbe más en esa horrible y multitudinaria aula del sótano de puán , y escucharon como yo a George II (porque a Jorge Luis nadie le quita la supremacía) iniciar el ciclo lectivo de Análisis Literario, declarando solemnemente la institucionalización del robo literario y dejando en claro para las generaciones pasadas, presentes y venideras que la literatura no representa ni cambia nada, ni sirve para absolutamente nada, ¿me podrán decir qué sentido tiene entonces, defenestrado el objetivo y sin alicientes, seguir prolongando el martirio de los pobres aspirantes? Querido GeorgeII: ¿no habría que mandar a todos para su casa y bajar cortina?
El robo literario institucionalizado, por el que podríamos echar mano de cualquier texto y sin ambages, amén de pegarlo y estamparle impunemente nuestra firma, tiene el mismo sabor que la tan denostada globalización. No hay límite de pertenencia y pone a todo y todos en la misma canasta. ¿Será que el postmodernismo, si es que existe, me agarra pasada de moda? ¿O es que de alguna manera hay que revolver el avispero a ver si a alguien se le ocurre pensar algo original? Aunque si es pasible de robo, no creo que a nadie le entusiasme.
Nota: lo de GeorgeI y George II, es un robo, lo lamento In pero está permitido.
Diganme queridos amigos, ustedes que estuvieron sentados a mi lado, como un imberbe más en esa horrible y multitudinaria aula del sótano de puán , y escucharon como yo a George II (porque a Jorge Luis nadie le quita la supremacía) iniciar el ciclo lectivo de Análisis Literario, declarando solemnemente la institucionalización del robo literario y dejando en claro para las generaciones pasadas, presentes y venideras que la literatura no representa ni cambia nada, ni sirve para absolutamente nada, ¿me podrán decir qué sentido tiene entonces, defenestrado el objetivo y sin alicientes, seguir prolongando el martirio de los pobres aspirantes? Querido GeorgeII: ¿no habría que mandar a todos para su casa y bajar cortina?
El robo literario institucionalizado, por el que podríamos echar mano de cualquier texto y sin ambages, amén de pegarlo y estamparle impunemente nuestra firma, tiene el mismo sabor que la tan denostada globalización. No hay límite de pertenencia y pone a todo y todos en la misma canasta. ¿Será que el postmodernismo, si es que existe, me agarra pasada de moda? ¿O es que de alguna manera hay que revolver el avispero a ver si a alguien se le ocurre pensar algo original? Aunque si es pasible de robo, no creo que a nadie le entusiasme.
Nota: lo de GeorgeI y George II, es un robo, lo lamento In pero está permitido.
18 sept 2007
Delimitando responsabilidades
Mi amiga In es la responsable ideológica de esta nueva aventura. Que se haga cargo de los resultados. A las amigas del alma, ¡Salud!
escritura premoldeada
Algunos tecnicismos de la formación académica se reconocen a la legua, la frase cabalga a un ritmo perfectamente sincronizado y sin resuello. Ni una piedra en el camino. Todo queda allanado en el cedazo del laboratorio. Así, los textos parecen cortados por una misma tijera. La lectura avanza como por un tubo y se pierden matices. Prefiero las imperfecciones de la factura artesanal.
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