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22 may 2015


Henri Meschonnic

El ritmo: un continuo entre el lenguaje y la vida

La manera de comprender el ritmo puede cambiar toda la representación que tenemos del lenguaje… y la representación que tenemos del lenguaje juega un rol fundamental y no reconocido la mayoría de las veces por la representación que tenemos de la sociedad, de cómo los seres humanos conviven.  Es el combate entre el signo y el poema. Llamo signo a lo que los lingüistas en general llaman signo, una representación binaria del lenguaje donde las palabras se suponen constituidas por la combinación de dos elementos heterogéneos entre sí – sonido y sentido,  forma y contenido. Esta representación binaria del ritmo es del orden del discontinuo entre sonido y sentido porque el sonido en sí mismo no tiene sentido. En la enseñanza tradicional esta representación del lenguaje es tomada como la verdad sobre la naturaleza del lenguaje. Ahora bien, esta representación tiene una historia. Podríamos decir que prácticamente fue Platón quien la inventó porque antes que él, el ritmo, era el continuo de Heráclito, la idea de un movimiento continuo de cosas, del lenguaje. Para reflexionar sobre la música y la danza Platón introdujo la noción de regularidad, de medida y de proporciones matemáticas, por lo que el ritmo es conocido desde Platón de manera binaria: un tiempo fuerte, un tiempo débil, el mismo y el diferente, regularidades e irregularidades…. Un binario y un discontinuo interno. Y es exactamente lo mismo para la representación del lenguaje según el signo: lo que los lingüistas llaman “signo”, no es más que un punto de vista sobre el lenguaje. Un punto de vista del orden del discontinuo y en nuestra cultura tenemos que tratar con dos discontinuos que se retroalimentan entre sí: el discontinuo interno del signo y el discontinuo interno del ritmo. Ahora bien, a partir de mi trabajo de traducción sobre poemas del hebreo bíblico –lengua que aprendí tarde y en forma autodidacta pero que trabajé mucho-, planteo otro punto de vista. Tomando conciencia de que en la Biblia en hebreo no hay ni verso, ni prosa, y que todo en ella es ritmo, pude tener un punto de vista exterior al punto de vista europeo del signo. Tomé conciencia de que el signo no es sino un punto de vista,  al que opongo otro punto de vista, el del continuo entre el cuerpo y el lenguaje. El representante del cuerpo en el lenguaje no puede ser otro que el ritmo pero nunca en el sentido del discontinuo de Platón sino como organización del movimiento de la palabra en el lenguaje. La palabra, el ejercicio del lenguaje por un sujeto, por cualquiera que hable o escriba. 
En el signo, en el sentido de los lingüistas,  la oralidad es comprendida como el sonido que se escucha en la palabra y que se opone al escrito, de manera que lo oral está completamente confundido con el habla. Si el ritmo, es la organización del movimiento de la palabra en el lenguaje y en la escritura, si la literatura o la poesía, es la invención por la sensibilidad y por el pensamiento, de una expresión que hasta allí jamás tuvo lugar, la palabra es del sujeto. Lo que transforma la noción de oralidad, porque entonces, no se confunde más con el habla, con lo  sonoro. La oralidad es del sujeto que escuchamos. Una especificidad y una historicidad que escuchamos. Por ejemplo, que tal palabra sea la que encabece la frase, es un ritmo. O también que sea la última de la frase, es un ritmo. O incluso cuando hay un ataque consonántico,  un ritmo de repetición, un ritmo sintáctico o un ritmo prosódico. Todos estos elementos contribuyen al ritmo, en sentido general como organización del movimiento de la palabra. Es el continuo cuerpo-lenguaje. 
Pero a partir del momento en que definí la palabra como expresión de un sujeto, me vi obligado a reconocer que este movimiento de la palabra es un acto ético. Entiendo por tal un acto que tiene como objetivo la constitución de un sujeto. Puesto que el sujeto inventa su pensamiento y la invención de este pensamiento –cuando está entendido o leído por otros- transforma también a los sujetos que leen o escuchan. No es el poeta el que hace el poema, es el poema que hace al poeta. A partir de allí, me vi obligado a ampliar la noción de lo que llamamos un poema. Y que no tiene nada que ver con las definiciones formales tradicionales como forma y contenido. Definí el poema como la transformación de una forma de lenguaje por una forma de vida y la transformación de una forma de vida por una forma de lenguaje, por lo cual es posible reconocer que hay un poema dentro de lo que llamamos “novela”. Las grandes novelas son grandes en tanto hay un poema en ellas así como los grandes textos filosóficos  son poemas del pensamiento.  Es por eso que escribí un libro sobre Spinoza, que releí y analicé en latín, en su latín, y a ese libro lo llamé Spinoza, poema del pensamiento. Extender así la noción de poema, implicando una interacción entre vida y lenguaje, conlleva la crítica a la oposición tradicional que hacen los filósofos entre el lenguaje y la vida. Esto es porque los filósofos se inscriben en el signo, en todos los dualismos en serie del signo: la oposición entre el sonido y el sentido, la forma y el contenido, el individuo y la sociedad,  las palabras y las cosas, el afecto y el concepto, que oponen finalmente el lenguaje a la vida… El academicismo del pensamiento se inscribe completamente en el signo y a partir de lo que yo llamo poema, critico la filosofía como cómplice y beneficiaria del signo, lo mismo que todas las representaciones clásicas del lenguaje que son efectos epistemológicos, culturales y sociales del signo. 
El continuo que supuse entre el cuerpo y el lenguaje hace que no haya más por un lado sentido y forma por el otro sino una continuidad que nombro significación.


Fragmento extraído de la entrevista realizada por Mélanie Bourlet y Chantal Gishoma, el 2 de Noviembre de 2007




12 abr 2014

Anne Hébert

Les fous de Bassan (fragmento)



En aquél tiempo…

Irene, mi mujer, nacida Macdonald, es estéril.
En otros lugares, bajo otras leyes, ya la habría repudiado a la vista de todos como una criatura inservible.

Les digo, hermanos, que el tiempo pasa rápido. De ahí, que los que tienen mujer sean como si no la tuvieran.

Ella duerme contra mí, en la cama grande, como un pez muerto, su vida fría de pez, su ojo de pez, bajo el párpado sin pestañas, su olor a pescado cuando me obstino en buscar entre sus muslos el hijo y el placer.
Grandes pájaros migratorios, en compacta formación, sobrevuelan Griffin Creek, proyectan su negra sombra sobre la casa parroquial. Oigo ladridos lejanos, toda una jauría celestial que se aleja en la noche.
¿Otra vez voy a inmiscuirme en mi pecado? Confesar que contra el cuerpo dormido de Irene, mi vestimenta eclesiástica, apenas ordenada sobre una silla, al pie de la cama, tanteo en secreto el peso leve, la forma delicada de los pequeños Atkins?


23 may 2013

El esplín de Baudelaire




Alegoría


Es una mujer hermosa y de porte sensual, 
Que en su vino deja arrastrar la cabellera
Los arañazos del amor, las pestes del burdel,
Todo desliza y todo se mitiga en la dureza de su piel
Ella ríe de la Muerte y se burla del Libertinaje
Monstruos cuya mano, que siempre socava y siega,
En sus juegos destructores, ha respetado sin embargo
La ruda majestad de ese cuerpo firme y erguido.
Anda como una diosa y reposa como sultana
Tiene en el placer una fe mahometana
Y en sus brazos abiertos, que resaltan sus pechos,
Apela a los ojos de la raza humana
Cree, sabe, esta virgen infecunda
Y necesaria sin embargo para la marcha del mundo,
Que la belleza del cuerpo es un don sublime
Que arranca el perdón de cualquier infamia
Ignora el Infierno como el Purgatorio,
Y cuando llegue la hora de entrar en la Noche oscura,
Mirará la cara de la Muerte,
Como un recién nacido, -sin odio ni remordimientos.






Allégorie


C'est une femme belle et de riche encolure,
Qui laisse dans son vin traîner sa chevelure.
Les griffes de l'amour, les poisons du tripot,
Tout glisse et tout s'émousse au granit de sa peau.
Elle rit à la Mort et nargue la Débauche,
Ces monstres dont la main, qui toujours gratte et fauche,
Dans ses jeux destructeurs a pourtant respecté
De ce corps ferme et droit la rude majesté.
Elle marche en déesse et repose en sultane;
Elle a dans le plaisir la foi mahométane,
Et dans ses bras ouverts, que remplissent ses seins,
Elle appelle des yeux la race des humains.
Elle croit, elle sait, cette vierge inféconde
Et pourtant nécessaire à la marche du monde,
Que la beauté du corps est un sublime don
Qui de toute infamie arrache le pardon.
Elle ignore l'Enfer comme le Purgatoire,
Et quand l'heure viendra d'entrer dans la Nuit noire
Elle regardera la face de la Mort,
Ainsi qu'un nouveau-né, — sans haine et sans remords.


9 sept 2012

Mi versión de Artémis de Nerval


No se puede poseer el misterio 

Es llamativa la cantidad de versiones que existen de este poema, inacabable en sí mismo. Incluso la cantidad de variantes que yo misma me propuse sin poder descartar ninguna, y la eterna insatisfacción… La decimotercera atrae como un pulpo, tienta saber, acercarse lo más posible para verle la cara y tal vez coquetearle un poco. Tan cerca como sería posible que nos soplen la llama del farol hasta la total oscuridad, en el límite infinito de la salvación. Tientan las jóvenes vírgenes santas y puras que dan a luz los deseos de otras o caminan con su cruz en inacabable martirio. Y el poema vive. 
 
 
Artémis
 
La Treizième revient... C'est encor la première ;
Et c'est toujours la Seule, - ou c'est le seul moment :
Car es-tu Reine, ô Toi! la première ou dernière ?
Es-tu Roi, toi le seul ou le dernier amant ? ...
 
Aimez qui vous aima du berceau dans la bière ;
Celle que j'aimai seul m'aime encor tendrement :
C'est la Mort - ou la Morte... Ô délice ! ô tourment !
La rose qu'elle tient, c'est la Rose trémière.
 
Sainte napolitaine aux mains pleines de feux,
Rose au cœur violet, fleur de sainte Gudule,
As-tu trouvé ta Croix dans le désert des cieux ?
 
Roses blanches, tombez ! vous insultez nos Dieux,
Tombez, fantômes blancs, de votre ciel qui brûle :
- La sainte de l'abîme est plus sainte à mes yeux !
 
 
Artemisa
 
De nuevo la Trece… Es también la primera;
Y siempre la Única, - o  el momento señero:
Pues tú Reina, oh Tú, ¿eres la primera o la última?
¿Eres tú Rey, tú el único o el último amante?...
 
Ama a quien te amó desde la cuna en andas;
La que yo solo amaba me ama aun tiernamente:
Es la Muerte –o la Muerta… ¡Oh delicia, oh tormento!
La rosa que ella lleva, es la Malvarrosa.
 
Santa napolitana de manos en llamas,
Rosa de corazón violáceo, flor de santa Gúdula,
¿Encontraste tu cruz en el desierto de los cielos?
 
Rosas blancas, ¡caigan! Insultan a nuestros Dioses,
Caigan, blancos fantasmas, de vuestro cielo que arde:
-La santa del abismo ¡es más santa a mis ojos!

7 sept 2012

Un poema de Gérard de Nerval

Les Cydalises

 

Où sont nos amoureuses?
Elles sont au tombeau.
Elles sont plus heureuses,
Dans un séjour plus beau!

 
Elles sont près des anges,
Dans le fond du ciel bleu,
Et chantent les louanges
De la mère de Dieu!


Ô blanche fiancée!
Ô jeune vierge en fleur!
Amante délaissée,
Que flétrit la douleur!


L’éternité profonde
Souriait dans vos yeux ...
Flambeaux éteints du monde,
Rallumez-vous aux cieux!

Las Cydalisas

¿Dónde están nuestras amantes?
Están en la tumba.
Están más felices,
¡Pasándola mejor!
 
Cerca de los ángeles,
En el fondo del cielo azul,
¡Cantan las alabanzas
De la madre de Dios!
 
¡Oh blanca novia!
¡Oh joven virgen en flor!
¡Amante abandonada,
Que marchitara el dolor!
 
La eternidad profunda
Sonreía en tus ojos…
Antorchas apagadas del mundo,
Vuelvan a encenderse en los cielos!
 
 
Cydalisa es un nombre tomado del teatro del siglo XVII y utilizado genéricamente para designar a las jóvenes enamoradas de los artistas bohemios.
 
“Como sombra de las marquesas de otros tiempos, deambulaba por la fantástica habitación, con un toque de polvo en sus cabellos rubios y una rosa pompón en la mano, esta bella y delicada Cydalisa, pastel sin marco, que debía borrar, a la salida del baile, su acre aliento a beso.” (Gautier,Historia del romanticismo)
 

4 jul 2009

Perro del alma

Cada tanto vuelvo a Brossard y en cada vuelta descubro un cariz nuevo. Me atrae como un imán. Incide en la lengua. Como en una raspadita, devela su sentido más profundo y tal vez insospechado. Es un trabajo quirúrgico de alta precisión. Hace un tiempo atrás recibí un ejemplar de Langues Obscures y con el "perro del alma", que acecha a lo largo de todo el libro, ya nos vamos entendiendo.

ese perro del alma, obstáculo mayor
secuela de la infancia
oh yo, pura construcción de sueños
pura maravilla
y la vida que nunca se justifica demasiado
por reunir a nuestro alrededor
todo lo que pasa y prolonga el sueño
todo lo que ahuyenta la muerte y el desánimo
oh yo, pura retórica
curiosa materia prima

...........

Habrá que entenderse con la luz ya que al vivir en las ciudades se olvidan los colores antaño celebrados que rodeaban el cuerpo de su aura. Se olvida el roce asiduo con la idea de la muerte y otras substancias de la angustia que, en las ciudades, es bien carnal, se olvida el principio del poema, la forma tan divulgada del placer, pura construcción del sueño, pienso.



9 jun 2009

Mi versión del poema Daddy de Sylvia Plath



Papito


No serás, ya no
Nunca más, el zapato negro
En el que viví como un pie
Por treinta años, tonta y crédula
Osando apenas respirar o hacer atchís

Papito, te tuve que matar
Te moriste antes de que me dieras tiempo--
Pesado mármol, una bolsa llena de Dios
Horrenda estatua con un dedo del pie gris
Grande como una foca de San Francisco

Y la cabeza en el Atlántico extravagante
Donde el verde se vierte sobre el azul
En las aguas del hermoso Nauset
Solía rezar para recuperarte.
Ach, du

En lengua alemana, en un pueblo polaco
Vuelto ruinas por la aplanadora
De guerras y más guerras.
Pero el nombre del pueblo es común
Mi amigo polaco

Dice que hay una o dos docenas
Por lo tanto nunca pude seguir
Tus pisadas, tus orígenes
Nunca pude hablarte
La lengua pegada a la mandíbula

Pegada a las púas del alambrado
Ich, ich, ich, ich,
Apenas podía hablar
Creía verte en cada alemán
Y la obscenidad del lenguaje

Una máquina a vapor, una máquina a vapor
Expulsándome como a una judía
Una judía de Dachau, Auschwitz, Bielsen
Empiezo a hablar como una judía
Creo que bien podría ser una judía


Las nieves del Tirol, la límpida cerveza de Viena
No son tan puras ni tan auténticas
Con mis ancestros gitanos y mi rara suerte
Y mis naipes de Tarot y mis naipes de Tarot
Quizá tenga algo de judía

Siempre te tuve miedo
Con tu Luftwaffe, tu galimatías
Y tu preciso bigote
Y tus ojos arios, azul brillante
Hombre-Panzer, hombre-Panzer, Oh vos

No Dios pero sí una esvástica
Tan infame que rugen los cielos que surca
Las mujeres adoran al fascista
La bota en la cara, el bruto
Bruto corazón de un bruto como vos

Te miro en la pizarra, papito
En la imagen que tengo de vos
La barbilla hendida en lugar del pie
Pero no te hace menos demonio, no
Nada menos que el malvado que

Partió en dos mi dulce y rojo corazón
Tenía diez años cuando te enterraron
A los veinte intenté morir
Para volver, volver, volver a vos
Pensé incluso en los huesos que sería

Pero me rescataron del foso
Y me volvieron a pegar toda con cola
Y entonces supe qué debía hacer
Hice la reproducción de tu figura
Un malvado con aire de Meinkampf

Y amante de la tortura y el apriete
Y me digo esto es, esto es
Por lo tanto papito, he llegado al final
Desconecté el funesto teléfono de cuajo
Las voces no llegan a través de los gusanos

Si he matado a un hombre, he matado a dos
El vampiro que decía ser vos
Y que durante años me chupó la sangre
Siete años si quieres saber
Papito, ahora ya puedes descansar.

Hay un peso en tu graso negro corazón
A la gente del pueblo nunca le gustaste
Bailan y pisotean sobre vos
Siempre supieron quién eras
Papito, papito, hijoeputa, he terminado.

18 sept 2007

El carácter libertario de la traducción recíproca


Toronto, Mayo de 2006 - Texto leído en la mesa redonda "Traducir a Nicole Brossard" en el marco del Coloquio "Traducir las Américas"



“Traducir las Américas”, lema del coloquio que hoy nos reúne, reverbera de modo sugerente cuando se trata de analizar el complejo fenómeno que significa trasvasar cultura entre países como los nuestros, simultáneamente reunidos y distanciados por una realidad geográfica que nos condena ineludiblemente a los extremos. Efecto que se intensifica cuando el objeto de análisis es la obra de Nicole Brossard donde la idea de traducción como capacidad inclusiva es una constante, y resulta particularmente notorio en Diario Intimo, libro que he elegido traducir y por el que fui convocada.
Contradiciendo las convenciones del género autobiográfico, la representación que Brossard hace de sí misma resiste una definición. Es y no es un diario íntimo. Es y no es Nicole Brossard. Así, todo parece “bascular en los extremos”.
Mucho se investigó sobre el origen y evolución de la escritura autobiográfica y existen numerosos ensayos teóricos dedicados al análisis de esta práctica que encierra los misterios indiscernibles del alma humana. Pero como dice Barthes, “El ser humano es oscuro por complejidad, no por ocultamiento” y la verdad de su existencia nunca podrá ser lineal, siempre ocupará una zona no definida entre lo que el autor cree ser y lo que el mundo cree que es. Realidad y ficción se hacen presentes. Lo mejor de la escritura sucede en esa “zona de turbulencias” que hace de solución de continuidad a la riquísima antinomia del mundo. Pretensión de verdad que requiere de un acercamiento asintótico, tendiente a la idealización. La escritura avanza hacia el misterio y es lo único que sostiene su búsqueda. No importa saber que nunca se llega, el círculo se va estrechando y basta para satisfacer en parte el inacabable deseo.
Respondiendo a necesidades de diversa índole y muchas veces depredado por la curiosidad morbosa de la posteridad que ilegítimamente se aventura a interpretaciones y conclusiones equívocas, el diario íntimo viene evolucionando desde aquél minucioso registro diario de otras épocas, por tanto tiempo sede de la subjetividad femenina, hasta el género literario de nuestros días. Sin embargo, nada puede evitar el intento de desenmascarar ese yo que se constituye como personaje.“Il faut être insensée pour confier l´essentiel à quelqu´un ailleurs que dans un poème”, dice Brossard. Y sin duda en Diario Intimo se hacen presentes muchos de los modos y maneras de la poesía; “las frases no se suceden siguiendo un orden conceptual sino presididas por las leyes de la imagen y el ritmo. Hay un flujo y reflujo de imágenes, señal inequívoca de la poesía”, señala Octavio Paz refiriéndose a obras tratadas desde la prosa.
Diario íntimo es el resultado de una exposición de textos fechados en orden no correlativo pero tampoco aleatorio, vinculados entre sí por un entramado de relaciones. Así, la vida de Brossard aparece expuesta en un diorama que permite múltiples recorridos y una narrativa particular por cada uno. Una exposición prendida “al muro de la cultura” donde es posible vislumbrar las distintas vertientes que la constituyen, asistir a momentos memorables tanto como compartir la emoción en curso. Un viaje imantado por el erotismo de su escritura, debido no sólo a los inefables efectos multimedia de esta asombrosa construcción, sino al continuo desafío de permanecer -nervio expuesto- a la intemperie.
Vislumbrando proféticamente la necesidad de remover mordazas estructurales, Brossard ha hecho de la traducción parte de su visión del mundo. Duda de las formalizaciones de su propio idioma, lo desarma, explora las materialidades de su sintaxis en un movimiento donde mirada y lengua se sincronizan en un nuevo rearmado, liberándola así de su sentido unívoco. Concebida de un modo análogo, es decir, proporcionalmente semejante al original, la traducción resulta un invalorable mecanismo de representación para pensar y comprender la diferencia en toda su extensión de significado. Una preocupación central en la obra de Brossard cuya visión inclusiva revaloriza la traducción como parte constitutiva del original. Frente a esta extraordinaria maniobra se coloca su traductora que será obligada a una similar aventura. No es lo mismo la traducción de un texto autobiográfico, de connotaciones mucho más intensas y comprometidas que la de cualquier otro. La operación involucra de manera directa la subjetividad de la traductora que asume esa propuesta de intimidad.
El proceso comienza en un punto no previsto de la relación con el texto, no antes del necesario duelo que implica abandonar cierto statu quo para proyectarse en un espacio con fuerte pulsión de lo emocional y escasa estructura de la lógica. La zona sombría y sensible donde acontece el diario. Como jugando a las escondidas, entre líneas, fueron varias las lecturas preliminares y muchos ir y volver sobre el texto antes que pudiese decir: Bonjour Nicole. La idea de traducción, que tan apasionadamente ocupa el pensamiento de Brossard y que equivale a conocimiento y reconocimiento, valorización y diálogo me acompañó en la difícil tarea de traducirla, sabiendo sin embargo que no estaba sola. Desde el rabillo del ojo, la autora guiaba la mano de su traductora, acompañando la tarea en un gesto de complicidad.
Si bien la comprensión de cómo opera otro idioma nunca basta, los límites naturalmente impuestos al traductor se acrecientan aún más cuando el sentido se nutre específicamente de características físicas como volumen, luz y sonido. Pese al arduo trabajo de aproximación, las pérdidas son cuantiosas y, muy especialmente, tratándose de traducir las “puestas del texto”. A la manera de un brain storming de la conciencia, la secuencia armada por Brossard al final de cada capítulo, desencadena un barrido de imágenes y sonidos donde la lengua del Québec habla por sí sola. Y al narrarse a sí misma, las vertientes culturales que la constituyen tienen especial protagonismo. El francés, reformulado en cuna americana, lleva además la impronta de su escindida convivencia con el inglés. Diferentes aportes que confluyen en suelo americano para otro matiz en la visión del mundo.
Toda traducción presenta conflictos y está bien que así sea porque forman parte del juego de tensiones que garantiza la supervivencia. El pasaje debe ser costoso y resuelto en la pericia y la profunda reflexión de quien medie, como estrategia de preservación de ambas “moradas” (es decir ambas culturas, ambos idiomas) para evitar la intromisión, el uso abusivo o la malversación de las reservas. El esfuerzo por mantener el equilibrio me recuerda a modo de metáfora una relación presente en la naturaleza: la tensión superficial sodio-potasio, reguladora del pasaje de nutrientes a uno y otro lado de la membrana celular. Es decir, compensar la energía para una convivencia armónica. Sin embargo, los resquemores de una apropiación indebida siempre reaparecen. Por más ducho que sea el traductor, por más precioso que sea su trabajo, ¿qué lo autoriza a interpretar y modificar el texto original? La relación del texto con la lengua de origen es de una simbiosis tal que cualquier intento de traducción es resistido a través de una actitud de macartismo cultural que parece señalar la tarea de traducción como una mera degradación del original y también como si se cediera una parte del patrimonio cultural.
Pese a todo y afortunadamente, “la traducción existe”. La expresión de Ricœur resulta tranquilizadora no sólo para el lector que, como él mismo dice, puede acceder a textos en otras lenguas, sino también para el traductor que, frente a tantas “imposibilidades”, ve de algún modo legitimado el acto de traducir. Saber que la traducción es posible no simplifica el trabajo, siempre será arduo y apasionado, pero contribuye a no dejarse llevar por el aplastante etnocentrismo de origen, valorizar la propia cultura y no renegar de los recursos, muchas veces de inigualable riqueza, que ofrece el propio idioma.
Decir que la traducción existe es otorgar existencia al resto del mundo, aun dentro de las variaciones de la misma lengua y como dice una investigadora argentina, Patricia Wilson “tiene como norte la voluntad de comprender lo distinto, la necesidad de acercarse a la alteridad sin anularla”. Un corrimiento en la perspectiva que desarticula la paralizante noción de subproducto, invariablemente a la sombra del original.
Sin embargo, además de las siempre complejas relaciones entre lengua y cultura que tienen que ver con la traducción en general, tratándose del renombrado par Norte-Sur, no podemos ni debemos ignorar una realidad que venimos arrastrando desde hace siglos. Hay esquemas de poder que pesan en la cabeza y linajes culturales que resisten toda intervención. Las relaciones de poder reproducen el cliché hasta el infinito y se constituye en un valor medular rigiendo cada aspecto de la correspondencia.
Dicha realidad no ha cambiado demasiado desde mi primer encuentro con la obra de Brossard en 2000, cuando se presentó El presente de la pulsación, primer libro de su vasta obra traducido en la Argentina y también el primero que tuve oportunidad de leer. Esa noche compartimos la cena con un grupo de escritoras argentinas; apenas había podido cruzar unas frases gentiles con Brossard y ya nos despedíamos cuando una de las poetas presentes le sugirió la posibilidad de traducir otro de sus libros. Un tiempo después recibió el ejemplar de Journal Intime, suivi d´Œuvres de Chair et métonymies, editado por Les Herbes Rouges que Brossard le había enviado desde Montreal y me propone traducirlo juntas. Por distintos motivos, terminé haciéndome cargo de la totalidad del trabajo.
Pese a iniciativas privadas, siempre intensas y amorosas como las que acabo de narrar, que surgen de situaciones meramente coyunturales como habitualmente se dan en el Sur, y a las iniciativas institucionales, como las de Canadá por ejemplo, que promueven el intercambio y apoyan con ciertos subsidios esta tarea a la intemperie, lo cierto es que la legendaria desigualdad Norte-Sur sigue vigente.
Un fenómeno que se evidencia en el escaso interés por conocer y traducir autores latinoamericanos y al que quizás contribuya fuertemente la falta de simetría en las políticas de fomento. Debido a sus economías regionales, sujetas a la realidad hegemónica neo-colonialista, Latinoamérica está lejos de equiparar el respaldo con que el Norte apoya la gestión cultural. El Norte, digo, como gran metáfora de poder donde también Canadá es subsidiario de ciertos privilegios y participa en menor grado del carácter subalterno del resto. Desde la subvención de un proyecto hasta la cobertura de sus gastos, los autores y traductores del Norte se abocan a sus tareas específicas con la tranquilidad de tener allanadas ciertas cuestiones administrativas. La inversa es notoriamente desigual, responder por ejemplo a una propuesta de intercambio, como la que hoy nos reúne, significa costearse los gastos y si no estuviera al alcance, decidirse a la penosa tarea que implica motivar la ayuda de propios y ajenos -costo moral implícito- o por último renunciar pensando que quizás tanto esfuerzo no valiese la pena.
También es posible que la intensa actividad que desarrollan los grandes pulpos monopólicos editoriales, de América del Norte y Europa, le reste probabilidades a emprendimientos provenientes del Sur que, por lo general, no satisfacen los imperativos del mercado y que los pocos que llegan a concretarse sean a través de pequeñas editoriales sin la misma capacidad operativa.
La desigualdad no sólo se traduce en un mayor o menor caudal de tránsito sino en muchos otros aspectos cualitativos. Tener supremacía económica implica per sé la facultad de elegir y planificar la circulación de los productos locales respondiendo a intereses propios sin que necesariamente deban importar los intereses ajenos, como así también de regular en cantidad y calidad la entrada de los productos foráneos que mejor convengan a los lineamientos de sus políticas culturales.
Un control que además de favorecer necesidades internas, interviene paralela y subrepticiamente el sistema cultural de los países afectados. No pudiendo oponer una política similar por falta de recursos, quedan inermes frente al ingreso de una cantidad indiscriminada de material de acuerdo a un criterio de selección que les es ajeno. En este punto vale la pena señalar que, paradójicamente, Latinoamérica es materia prima de investigación de diversas disciplinas que reenvían luego sus trabajos para ser editados y vendidos en la arena local con el correspondiente valor agregado.
Traducir las Américas, en su sentido inclusivo y reparador, implicaría un profundo cambio. Equilibrar el mapa depende prioritariamente de lograr una eficiente distribución de la riqueza con miras independentistas, capaz de reivindicar a los países históricamente sumergidos por un poder colonizador que impide un crecimiento acorde a sus reales posibilidades. Simultáneamente, y como propone Brossard, desde un plano subjetivo, se impone un cambio rotundo de visión que destierre del mapa de las Américas las prejuiciosas falsedades que inspira la diferencia y siguen interceptando los caminos de acceso.