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2 may 2013

Marzo del 76



Grávida de toda gravidez, plena la panza, los ojos, el alma, iba derribando miradas, aquella sorna de todos, la suspicacia de los biempensantes, ávidos de fracasos, que no le dieran ni un crédito, ni un comino valía  ¿no ven? Corva la espina al mango, voluminosa,  para que no quepan dudas. No me atosiguéis señores, chacun son tour, es el mío, aquí vengo, de vuelta de mil noches, de millones de lágrimas, aquí vengo a cumplir la ley.
El  otoño se insinuaba y cursaba la sexta luna. En el departamento de Garay, a media cuadra de la estación Remedios de Escalada, entraba mucha luz. No daba a la calle ni tenía balcón. Una luz blanca que encendía los colores. La colcha verde manzana, las alfombritas lacre, los almohadones que había hecho ella misma para los sillones de mimbre, de un intenso turquesa, todo brillaba, flamante, impecable. Que nada viejo enturbie la luz, nada sombrío, nada usado, nada ajado. Ninguna historia que contar, nada para recordar. Como si fuera posible zanjar el pasado y borrar hasta última de sus  huellas. 
Ni un reproche, ni una mirada de descontento para aquella que no veía ni quería ver y recortó el tiempo con tijerita. Burbuja de sanidad para acunar el sueño que sin embargo un poco más tarde, explotaría como pompa de jabón. ¿Quién tiene el catalejo de la vida? En el curso de una noche, al sonar nefasto de un timbre, todo pasaría a pender de un solo y delgado hilo que velaría días y noches. Pero ahora, en esos días de marzo de 1976, la vida empezaba a tener sentido y no se animaba ni respirar profundo por si estuviera soñando.
La única realidad pasaba por el espejo, por la imagen lentamente modificada que consultaba a diario. De frente, perfil o medio perfil como si de tanto mirarse corriera el tiempo más rápido y diera un poco de sosiego a la ansiedad. Las luchas internas por su contextura, que excedía con creces el promedio venerado de la época, habían quedado atrás. Usaba el pelo tirante y un rodete en la nuca que le quedaba bien, lo sabía, además de decírselo la vecina del primero, tan hermosa, casada con el ruso que estaba detenido en una comisaría de La Plata y al que hubo que alcanzarle un colchón. Pasaban cosas extrañas en aquella comisaría, se escuchaban tiros, gritos de reclusos, y se observaban movimientos extraños. Le constaba el clima de angustia y recelo, el miedo a transitar de noche la calle Larroque, las itacas que apuntaban a los desprevenidos automovilistas, las historias en boca de todos, el silencio preventivo de muchos.
Tomaba el tren a Retiro y el colectivo que bordeaba la costanera hasta la ciudad universitaria, pabellón II, ciencias exactas, rabiosamente empapelado. Se incorporaba a la extraña, sórdida,  realidad de pasillos desiertos y caras demudadas que no alcanzaba a comprender, sin detenerse ni mirar a los costados. Nada la distraería de esa oportunidad tantas veces postergada. Ni esos molestos que irrumpían desprevenidamente arengando a viva voz. Dejala, es una gorila.

15 feb 2013

En la encrucijada



Buscaba, bus, buzo, búho, buhardilla y me quedo en el olor a viejo, entre los papeles, los ácaros, mi depresión y un claro sentido de estar en el momento justo que, contrariamente a lo que había supuesto, no tiene nada de espectacular, es más bien nimio, deslucido, procaz porque muestra, exhibe sin tapujos lo que nadie quiere ver y que los lustres, las superficies flamantes niegan en el encandilamiento.  La búsqueda es infinita y el encuentro es uno.

18 sept 2007

Delimitando responsabilidades

Mi amiga In es la responsable ideológica de esta nueva aventura. Que se haga cargo de los resultados. A las amigas del alma, ¡Salud!

5 sept 2007

Decálogo





Para la mujer

1. No sea extravagante.
2. Mantenga la casa bien limpia
3. No se deje estar hasta perder todo encanto y atractivo
4. Pero tampoco busque llamar la atención de otros hombres
5. No se oponga a la disciplina del padre con respecto a los hijos.
6. No pase todo el tiempo con su madre
7. No escuche a vecinos ni amigos cuando se trata de su intimidad
8. No subestime a su marido
9. Sonría, sea amable
10. No hable siempre de asuntos domésticos.

Para el marido

1. Sea generoso con sus ingresos
2. No intervenga en los asuntos de la casa
3. Esté de buen ánimo. Nada altera más a una mujer cansada que la llegada de un marido taciturno
4. Trate a su mujer con respeto
5. Cortéjela
6. No la reprenda
7. No elija vivir cerca de su familia ni de la familia de su mujer
8. No acepte pensionistas
9. Cuide su presencia y esté siempre aseado.
10. Sea bueno y justo con sus hijos
.


A mí me da qué pensar. Debe tener alrededor de sesenta años y está en francés pero el diario era local. En el reverso se lee parte de una nota sobre la temporada del Teatro Colón. Venía doblado prolijamente dentro de la libretita que lo acompañaba en sus viajes, donde anotaba algunas direcciones útiles en Paris o la fonética de algunas palabras japonesas para abordar a una mujer. No tengo muchos recuerdos del abuelo. Me veo de su mano, minúscula, paseando por el Rosedal y tan compuesta como muñeca de torta. A la usanza, zapatos guillermina, zoquetes con puntilla, impecables tirabuzones, moño de cinta falletina y tapadito con cuello bebé. Llevo guantes, un globo de gas y cara de lela. Como salida de un figurín europeo. Él trajeado, con paletot, sombrero de fieltro y aire de bon vivant. Quien sabe si la instantánea es real o proviene de alguna de las tantas fotos que guarda la familia. Murió prematuramente y cuando nadie lo esperaba. Inmediatamente después de su último viaje por el mundo. No recuerdo su voz, ni su mirada, ni una caricia. Recortó la columna y la guardó.